Animales negros sobre fondo rojo (Y VII)
.Mi animal pone un punto y aparte al principio de lo que escribo. Puedo interpretar, como en los sueños o las cartas que me advierten. Y sí. Comienzan a cumplirse las profecías. No seré cobijo de corderos, nunca más.
Huele algo diferente en mí. Se acomoda en mi pecho y acompasa sus latidos. Sabe de la ternura provocada por crías que no me pertenecen. Ocupa el lugar que se ha ganado con el tiempo, marca el territorio, avanza hacia mi centro. Sabe de mi instinto para cuidar animales. Se aprovecha de él. Sabe que si se queda ahí el tiempo suficiente, nada podrá quitarle su espacio. Ni siquiera otro animal más frágil. Conoce cada debilidad que me atormenta. Cada gesto que me emociona. Se deja hacer. Empiezo a comprender.
Nos hacemos al día a día. Hay noches que no lo siento entre mis piernas y aún así, consigo conciliar el sueño. Será que crezco en varias direcciones a la vez, yo que creí estar nítida y completa. He cambiado el No. Lo dejo respirar. Buscarse. Si me busco yo para encontrar la paz ¿quién soy yo para acorralarlo?
Sigue siendo salvaje, aunque haya aceptado aquel collar que llevé en mi muñeca durante años. Quizá sea eso. No cualquier collar, sino el mío.
Creamos nuestras propias alianzas. Atamos nuestros lazos invisibles. Yo no soy su ama. Sólo somos animales aprendiendo a compartirnos. Animales que se mantienen mutuamente.
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