domingo, 15 de julio de 2012

VI

Animales negros sobre fondo negro (VI)




Contagiada por las virtudes del animal domesticado, dejo de andar a tientas. Me crecen ojos en la oscuridad y ya no es necesario ni instinto ni olfato para distinguir las ratas. Llevo todo el mundo que nos perdimos al rendirnos sobre los hombros y a veces tropiezo por el peso. Nosotros. La palabra no pronunciada. Me golpea en la boca a pleno sol. Traduzco y me equivoco, quiza, pero ya es tarde. Han quebrado las agujas mis relojes. Tanta sed. Jaula de cristal y máscara. Detrás el mundo. Y que no me toque la vida, que no me roce, que estoy sin piel. Una a pedazos en el suelo, la Otra aún por nacer. Se envuelve en sus restos, lo que queda.

Vómito provocado de seda y hiel. No preguntes. Ya sabes la respuesta. A los animales los distingo en su crisálida.

3 comentarios:

  1. Acabaremos siendo animales, si no lo somos ya.
    (elegante y sangrante introspección la de ésta sextalogía)

    ResponderEliminar
  2. La vida se compone de una y mil muertes. Me gusta el título del blog y el post. Costuras que parecen cicatrices, cicatrices que te arrebatan la piel. La metamorfosis de lo que ya no es y tampoco es... todavía...

    Muchas gracias. Un saludo

    ResponderEliminar