Animales negros sobre fondo negro (VII)
A ti, que guardas siete y yo sólo tengo uno...
Animales yacen en mi espalda y se duermen en la tinta de mi piel. Tinta que habla de pecado y origen. Nos creímos el cuento. Era fácil echarle la culpa al diablo, mujer avariciosa que no sabe estarse quieta y ser obediente. No comas, le ordenaron. Pero el hambre de saber fue más intensa y pecó.
Nos mordemos mutuamente, tú por instinto y rabia y yo, por venganza. Si va a dolerme, que duela bien. Quiero que sepas que yo también guardo colmillos afilados dentro del alma. Me dibujas trazos cortos en la piel como si fueran pespuntes y yo me dejo hacer. Qué puedo perder que no haya perdido todavía. A pesar del tiempo y todas las distancias, la distingo aún entre cualquier multitud. Sé de su perfil y sus contornos aunque entierre la memoria de su acento. Abanica el aire, como si nada pasase aún. Todavía. Y siempre.
Una mujer que se soltó los lazos y se hizo invisible hasta mis ojos. Pero el mundo me golpea con ella, sobre todo, en madrugadas. Y sigue amargo. Y sé.
Costuras que parecen cicatrices. Tú me coses los mapas. Hombre-pez anudado a tus pies de escamas. Ellos son la libertad condicional que elegiste. Yo quisiera arrancártelos de cuajo para que nadaras a contracorriente pero el mundo no te deja o tú.
Y yo. La de los ojos abiertos. La de la boca en llamas. A los animales los distingo por el collar con el que ellos mismos se atan el cuello.
Booommmm en todo el centro del cerebro.
ResponderEliminarCada vez me impresionas más.
Salud-os.