viernes, 31 de agosto de 2012

XIII


Animales negros sobre fondo negro (Y XIII)


Y cuando llegue septiembre



Animales arquean la espalda y yo sigo inmóvil. Sólo camino dentro de mi cabeza y los pies no me responden, todavía. Hacen raíces en la loseta y el mundo y no, el horizonte…todavía.

El miedo es un nombre propio. Nadie es culpable de sus huellas. Viene y pega a tu puerta con fuerza, no sabe jugar a animales. Al miedo hay que mirarlo cara a cara en tus propios ojos, porque es la única manera de mirarlo por dentro. Te cala. Te tatúa. El miedo, joder. El miedo.

¿Qué haremos cuando le saquemos todas las nubes al cielo de mi boca y sin agua, seamos al fin piel y certeza?

Una cuerda demasiado larga comienza a sentir algo de más, demasiado de menos. Le falta fuerza para tensarse. El levante la balancea. Violación del equilibrio ¿recuerdas? Una niña salvaje salta a la cuerda. Retengo cada verso en la memoria. Mis manos intentan mantenernos mientras te acomodas en el lado izquierdo de mi pecho. Déjame tu orilla, para respirar.

Son trece los latidos de los animales negros, camuflados. El instinto les hace abrir los ojos en silencio, trazar su reflejo. Dejan huella a cada paso, entre el desorden. Incluso en la distancia, oigo su voz. Ahora distingo nítido el horizonte frente a su piel y sólo me falta el sentido del tacto. Abriré la crisálida con mis dientes si es preciso. Es la hora.

Desabrocho el collar. Los dejo libres. A los animales los distingo en sus certezas.

3 comentarios:

  1. A los animales los distingo porque nunca perderán las ganas de ser libres (también es una certeza)

    ¿y fin? Todavía te faltan 56

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    1. Vamos a cambiar el color del fondo, sinsuenyo. De tanto intentar distinguir animales camuflados me empiezan a doler los párpados. Y es tarde.

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