Animales negros sobre fondo negro (XII)
Animales me despiertan en plena madrugada. Me buscan con el hocico húmedo los rincones más frágiles. Activan el sonido envolvente de su ronroneo. Me abren los ojos. Se muestran sumisos inclinando la cabeza bajo mi mano, buscan una caricia que les adormezca el celo.
Fuera se oyen los pasos de lobos abandonados. Buscan algo para comer. Los conozco hasta por dentro de la piel. Los he visto sangrar en silencio. Aúllan en la distancia. Imagino sus ojos. Pero ya no los distingo. A ellos no.
Dentro sigue la rabia contenida. La veo en sus ojos amarillos. Controla su instinto todo el tiempo posible hasta que el olor es más fuerte que la razón y se lanza a morderme. Un surco profundo en el pezón izquierdo se hará cicatriz con el sol. No hay herida más bella que la que se produce así, sin la intención precisa de hacernos daño.
No puedo evitar preguntarme cómo sería romper la línea del horizonte. Anudar todas las certezas en un hilo de saliva, donde no exista el tiempo…y entretanto, aprendo a calmarme con mis propias manos, Meciéndome en este mar que lleva todos los nombres en la espuma. Este es mi sitio. Mi lugar. Un hogar donde cobijarme del mundo. Esta soledad que se acostumbra y domestica. Nunca debí intentar amaestrar animales salvajes, ni siquiera a mí misma.
¿Dónde convergerán los sueños? Sólo tu boca tiene la palabra. A los animales los distingo por su voz, que nunca tiembla.
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