domingo, 11 de noviembre de 2012

XVIII

 Animales negros sobre fondo rojo (V)



Aprender a caminar a once centímetros del suelo no es tarea fácil cuando quieres mantener el equilibrio. Pilares en rojo me sostienen. Siempre resguardada del viento tras la piel-fetiche de aquel animal negro. A todos les gusta. La acarician como si pudiera respirar. Yo la llevo orgullosa, como si fuera el trofeo de una vida que perdí, aunque ahora tengo uno que late, también, a veces, sobre mi pecho.

Hay otros colores. Se va instalando el rojo a pequeñas motas sobre el fondo oscuro. Como los besos de las putas sobre la carne que las compra. Otra vez ese bruxismo que no calma esta sed. La boca, el corazón, los pies. La sangre, siempre la sangre. Y no siempre el dolor. A veces es otra cosa, sin nombre. Palabra que no existe. Escudo en la sonrisa. Mirar profundo y beber de un sonido tan desconocido como familiar. Todo fluye sin necesidad de forzar nada. Pido y soy correspondida sin excusas.

La vida está detrás. Resuena la calma. Es el momento. La vida responde. A los animales los mantengo, también, en lo que guardan.

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