Déjame mostrarte lo escondido,
el animal
que se refugia en mi pecho.
Sobre tus párpados que ansían la saliva
de esta boca hambrienta,
desataré mi Yo
para atarte al cuello el nombre que mereces:
Mío
Déjame que sea
todo aquello que intuías:
La imperfecta,
la que tiembla,
la que aprende de sí.
La que sube escalones a destiempo,
descubre
y engulle los placeres casi sin masticar.
Ya habrá tiempo
cuando acabe contigo
de relamerme en las sombras.
oh! siempre consigues recordarme lo poco apasionada que soy... ;-)
ResponderEliminarUn bello y amenazador poema.
ResponderEliminarUn abrazo.
HD