sábado, 11 de agosto de 2012

IX

Animales negros sobre fondo negro (IX)

Todo a lo que aspiro es un animal negro. Lleva los ojos tristes y la piel por estrenar. Aprende de equilibrios sobre trapecios ajenos y no se preocupa del mundo que ruge fuera. Conquista a diario paraísos inexplorados. Ya sabe alimentarse de silencios y pide a ronroneos que le calmen los vicios. Yo le impongo las manos que no saben sanar ni sostener el peso. Le parecen suficientes. Me busca cuando no lo necesito y del revés, acabamos comprendiendo. Lo observo dormir desde mi insomnio y él me camina en los sueños. Nunca a la par. Se quedaron los nudos atrás, en la ciudad deforme. Ahora hay bruma en mis mañanas y el horizonte siempre me devuelve un contorno de postal.

Describir el ansia no sería suficiente. No es hambre, es necesidad.

Busco en el otro un cristal donde mirarme. Encontrar así las respuestas, en cada pellizco. Y no me doy cuenta de que hay que volver a mirar dentro. Pedir con la boca grande y las manos vacías. Recrear toda la vida que me es ajena y sentir el celo en la boca del estómago.

Asumir las deudas que prometimos no debernos nunca. A los animales los distingo en su horizonte.

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