jueves, 24 de enero de 2013

Re-signarme

Mis piernas se asemejan
cada día un poco más
a la columna astillada de Frida Kahlo.

Ya no se parecen en nada a esas columnas griegas
que dibujabas con la lengua
dentro de los primeros sueños.

Siento cómo vibran las rótulas
al tumbarme en la madrugada
después de otro día cargando con el peso del vacío.

Yo no sabía que la nada
podía pesar tanto
ni que era capaz de instalarse
tan hondo.

Y claro.

Será que siempre me visto de sonrisa
y me pongo los ojos de mirar el mundo
como un niño.

Menos mal.

Porque con las cuencas vacías
no se puede inhalar más aire
con la boca cerrada
no se puede seguir creyendo en algo grande.

Y será que nos obligan a templar los fuegos,
a escarbar entre las sobras buscando las fuerzas
que pensamos que ya no nos quedaban.

Y nos dan a elegir.

O matarnos o dejarnos morir.

Cuando lo único que queremos es seguir respirando.




Rescatado del caos, mayo 2011.

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