Mi pez es un cuenco que guarda las cenizas donde antes se posaba la esperanza. El invierno se alarga escarchando mis pezones contra el viento. Me golpea en una queja silenciosa.
He aprendido del crujido de los huesos al adentrarme en un mar que aún no quiere ser verano. Me resguardo en el salitre. Una coraza traslúcida que sólo siento al moverme. La orilla llena de escombros me recuerda que aún faltan meses para quemarme en la luz.
Espero la frontera, tejida bajo el agua. Puedo distinguir la
intermitencia de su rastro. Sé que llegaré. Sólo he de dejarme llevar
hasta que mi cuerpo y la palabra golpeen contra la red.
La consciencia es una araña que aprende a tejer un collar con el que domesticarme. Amaina el animal. Y a veces, ceso.
Espero que llegue ese día donde la conciencia deje de ser araña y vuelva el verano.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte querida Mery.
Leo
Ojalá, sí.
EliminarAbrazo y beso.
A los animales los distingo porque son nómadas, no permanecen esperando el olor a humo que augura fuegos.
ResponderEliminarA los animales los distingo porque son inquietos, no clavan los pies en el huerto como los rosales.
A los animales los distingo porque no esperan a que nadie les diga: ¡déjate de hostias!, tienen genéticamente grabada la necesidad de sobrevivir.
Y no dejo de ser un animal de fauces abiertas, no lo dudes.
EliminarGracias, siempre.
cómo me gusta esa palabra "almadraba" !!!
ResponderEliminarqué bello encontrarte.
ResponderEliminaramenazo volver.